
Los porteros y vigilantes de edificios y vecindarios, a pesar de no contar con el respaldo institucional formal, juegan un papel crucial en la prevención de la inseguridad ciudadana. Muchos trabajan más de 12 horas diarias durante seis días a la semana, alertas ante cualquier situación sospechosa y actuando de manera proactiva para proteger a las familias bajo su cuidado.
Uno de ellos relató un episodio donde evitó un secuestro en plena madrugada: al escuchar gritos de auxilio mientras marcaba al serenazgo, salió a la calle, alertó a la Policía y logró detener el incidente, devolviendo al menor a salvo al edificio.
La noche limeña, especialmente en zonas con vida nocturna intensa, es un periodo crítico. Durante el turno entre las 2 y 4:30 a.m., considerado como “las horas del sueño”, estos vigilantes se mantienen atentos, revisan cámaras y reaccionan ante cualquier movimiento extraño. Esta dedicación constante y su cercanía con la comunidad les ha permitido ganarse la confianza y el respeto de los residentes, quienes llegan incluso a pedir su ayuda en tareas cotidianas.
Además, en situaciones de emergencia o hechos delictivos, su colaboración se ha vuelto vital para la prensa y las autoridades. En un caso reciente, permitieron acceder a las imágenes de una cámara de seguridad desde sus instalaciones, lo que posibilitó reconstruir la ruta de escape de un delincuente que se encontraba prófugo.
También existen experiencias positivas de integración con la comunidad en zonas como Surco. Allí, vigilantes llevan décadas resguardando calles y han sido incorporados por la municipalidad en una “Red de Cooperantes de Seguridad”, que incluye capacitación en primeros auxilios, reportes de emergencia y defensa civil.
Estrategias similares se han adoptado en otros distritos, donde se registró y empadronó a diferentes vigilantes y conserjes como aliados de las acciones municipales contra el delito.
Sin embargo, su arduo trabajo no siempre se ve reflejado en condiciones laborales justas. Muchos reciben solo el sueldo mínimo, sin beneficios adicionales, a pesar de jornadas extenuantes que afectan su descanso y salud.
Expertos en derecho laboral advierten que, aunque sean contratados por juntas de vecinos o consorcios sin personería jurídica, estos trabajadores siguen amparados por el régimen laboral general, con derecho a remuneración digna, seguro, CTS, vacaciones y otros beneficios. Además, su eficacia en la seguridad solo podrá sostenerse si se respetan y garantizan sus derechos y se les incluye en políticas de capacitación y formalización.
CISA182 valora profundamente la labor silenciosa pero esencial que cumplen estos profesionales. Son el primer escudo de defensa en nuestras comunidades, y su compromiso merece reconocimiento, condiciones laborales adecuadas y apoyo continuo.